Mi hermano Georgemachine es un tío especial. ¿Os acordáis de La Mosca? Pues si en una cabina de teletransporte entrase un filólogo y en la otra Pepe Viyuela es muy probable que el resultado de la fusión desoxirribonucleica fuese Georgemachine. Y lo digo con todo el cariño del mundo. Él, a veces, cuando nos partimos el culo, piensa que nos reímos de él, y no es cierto. Pero es que las situaciones en las que se mete él solo nos hacen, muy a menudo, olvidarnos de esta mierda que a veces puede ser la realidad. Y eso es bueno. Tengo que contar (lo necesito, de hecho) un par de anécdotas conectadas que lo acercan muy mucho a algún personaje de Futurama o de Padre de familia.

La semana pasada quiso el destino que tuviese libre el sábado por la noche, con lo que aprovechamos para salir de copas. Tras unos mojitos impresionantes en Artería, decidimos probar en un local que se acaba de inaugurar. Cuando entramos vimos que era incluso más pequeño de lo que nuestra curtida imaginación nos había soplado. Pero no solo eso, además era angosto y estaba muy mal distribuido. Si a ello le sumamos el asfixiante olor a recién pintado y una molesta luz negra la sensación de comodidad se hacía prácticamente nula. Pero nos quedamos un rato. He aquí que George comenzó a sentirse angustiado, la pintura le daba tos y parece que le mareaba un poco. Unas amigas habían ido a inspeccionar el servicio al que se accedía por una puerta corrediza. George, en un ataque de urgencia, salió disparado al servicio y usando su aplastante y, quizá a veces, desmesurada lógica, decidió que, si a la derecha había una puerta corrediza que daba al servicio femenino, el masculino debía estar a la izquierda, aunque a la izquierda solo hubiese una pared pintada y, eso sí, enmarcada. Fue entonces que, ante la perpleja mirada de todos los presentes, el genial Georgemachine palpó la pared a velocidad creciente en progresión en busca del asa que le ayudase a abrirla. Os aseguro que fue muy divertido.

Unos días más tarde, comentado el acontecimiento, dijo con impresionante seguridad y palabras textuales:

“¿Por qué estas cosas solo me pasan a mí? ¿Es que no le pueden pasar por ejemplo a Carolina o… a mí?”

Este es mi hermano George. Si él me deja espero poder seguir contando anécdotas suyas porque el tío es una mina.

Un abrazo, hermano.

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