Con las cámaras digitales reduscubrí el placer de la fotografía. El engorro que supone para alguien tan vago como yo toda la parafernalia de la fotografía tradicional desaparece con una camarita que te cabe en el bolsillo y te permite derrochar disparador sin miedo a gastar un carrete lleno de fotos que no has comprobado.

Llevo mi cámara a todas partes y probablemente hago menos fotos de las que pensaba que haría antes de comprarla pero me gusta sentirla en el bolsillo interior de la chaqueta esperando a que aparezca una imágen que valga la pena. Y casi nunca aparecen .

Eso sí, cuando aparecen, y además vienes de compartir unas copas y unas risas con los amigos, de vivir, en definitiva, te alegras de poder dispararla.

Esta foto no hace justicia a la imagen real, pero es la forma más precisa que tengo de mostraros que, a veces, un instante preciso/precioso sirve para que sepa que no hay nada que merezca más la pena que todo lo que ya tengo, aunque al día siguiente vuelva a sonar el despertador a la misma hora.

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