“Las relaciones son como los tiburones, solo se mantienen vivas si se mueven y creo que nuestra relación es un tiburón muerto.”

Annie Hall (1977), de Woody Allen

Todos sabemos que cuando se abre un blog uno lo empieza con ganas y mucha ilusión. Y es que un blog es un juguete que nos sale gratis, que nos construimos nosotros, que responde a nuestras ganas de jugar con él y que podemos modelar y adaptar a nuestras necesidades del momento.

Pero no nos equivoquemos, un blog es un vehículo que tarde o temprano y a través de nosotros tomará conciencia de sí mismo y se volverá un ser exigente y manipulador. Esa sensación suele llegar a los tres meses y coincide más o menos con el final del “tuneado” y casi siempre con el crecimiento de los bloggers que lo leen. Es decir, en el momento en que nosotros, las personas que hay detrás del blog, nos damos cuenta de que alguien nos lee -y da igual si son mil personas o veinte-, de alguna forma, nuestro otro yo virtual, nuestro antiego que yo diría, toma cuerpo y siente que se debe a sus lectores, sean muchos o pocos. Es ahí donde los cimientos del blog se tambalean por primera vez y nos hacen preguntarnos si realmente esa bitácora que estamos llevando nos sirve de algo o no. Un blog es como un tiburón, solo se mantiene vivo si se mueve y a veces resulta muy complicado levantarlo de sofá.

Estoy convencido de que, si el crecimiento de la comunidad en torno es bueno -y eso solo se consigue siendo fiel a tus lectores y a ti mismo-, el blogger se sentirá cómodo con su blog y continuará en su afán por dominar el mundo un poco. Yo abrí Realidad elevada al cubo porque me apetecía hablar de otras cosas que no fuesen cine, de cosas más personales, más variadas, pero nunca conseguí domarlo. Hace ya bastante tiempo que tenía ganas de retomarlo y tratar de ver cómo podía echarlo para adelante. Y esto es lo que he hecho. Le he cambiado el nombre y el aspecto y me he insuflado unos cuantos ánimos. Ahora solo queda ver si soy fiel y consigo mantenerlo a raya.

Por cierto, he renovado los Carnets Ruvios. La personalización de cada uno de ellos era una tarea que llegó a agobiarme de verdad. Lo siento, me superó. Como considero totalmente injusto que haya gente que desee tener un carnet que le afilie al estupendo Club Ruvio y tenga que depender de alguien como yo, lo que he hecho es crear un carnet genérico para que todo el que quiera lo coja sin problemas. Así todo será más rápido y mejor.

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