Ante todo decir que no voy meándome por los cajeros autómaticos. Evidentemente, de esta tira, lo que está basado en la realidad es la obsesión y el miedo que tiene la gente en los cajeros automáticos. Y no digo que no haya que tener cuidado, claro que sí, pero es que a veces me parece algo desproporcionado.

Hoy, por ejemplo, he entrado en un cajero a sacar dinero para hacer la compra y, a pesar de que el banco estaba abierto y lleno de gente, con los sistemas de seguridad a pleno rendimiento, el hombre que había delante de mi me ha echado una mirada por encima del hombro que, desde luego, si yo fuese un delincuente, habría pensado que ahí había mucha pasta. No sé, no es que me sienta ofendido ni nada de eso, pero es una de esas cosillas que te hace preguntarte en qué escala de macarrísmo estará tu aspecto.

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