Imaginad que os enamoráis de un cachorro de león y os lo lleváis a casa haciendo caso omiso de lo que todos os aconsejan ya que, en el mejor de los casos, cuando el león se haga adulto, os tendréis que separar de él para llevarlo a una reserva natural. El león crece feliz con vosotros y lejos de causar problemas os llena la vida de alegría. Pero, efectivamente, llega el día en el que os tenéis que separar. Pasado un año largo le hacéis una visita. Los responsables de la reserva os advierten que el león ya es adulto, que se ha aclimatado a su nuevo hogar y no os va a reconocer. ¿Vosotros qué diríais?

Maravilloso.

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